Sauna y baño turco - Un placentero y beneficioso ritual


Calor seco en la sauna y calor húmedo en el baño turco; en ambos casos el común denominador es la temperatura y la transpiración su fin. Ya no existe gimnasio o balneario que no cuente con estos dos espacios. Sin embargo, el invento no es nuevo. Desde la antigüedad, el calor se ha utilizado como terapia. Los mayas, los aztecas, los romanos y los griegos, amén de los turcos, ya usaban los baños de vapor en su vida diaria, algo que se sigue manteniendo en algunos países. En Finlandia, por ejemplo, la sauna está considerada casi como una filosofía de vida y son muy pocas las casas en las que no hay una.

Si el baño público era en las antiguas civilizaciones un símbolo de alta cultura y prestigio, además de un lugar de purificación, en la actualidad prima su vinculación con el ocio y el cuidado del cuerpo.

Tanto el baño turco o hammam como la sauna tienen indiscutibles beneficios sobre la salud y el estado de la piel. Su uso regular permite prevenir enfermedades, dolencias o desequilibrios del organismo. Ambos son baños alternantes de calor y frío que se utilizan con fines higiénicos y/o terapéuticos. La diferencia estriba en que mientras en la sauna se da un calor elevado y seco, en el baño turco la temperatura es menor y mayor su grado de humedad, lo que hace que, en contra de lo que pueda parecer, en éste último se sude menos que en la sauna. La explicación se halla en el propio funcionamiento corporal. Cuando la temperatura externa es superior a la del cuerpo, el organismo, para refrigerarse, suda, emite líquido a través de los poros dilatados, líquido que con su evaporación dispersa el calor y, por tanto, refrigera el organismo. Si la humedad del ambiente, como en el caso del baño turco, recubre toda la piel, no se suda porque el vapor de agua hace la función de dispersión del calor.

Sauna

La sauna se caracteriza por un calor seco que oscila entre 80ºC y 100ºC y una humedad relativa muy baja, que no llega al 15%. Los baños de sauna se toman en cuartos herméticos de madera, con gradas para poder descansar -cuanto más arriba, más calor-, en los que la temperatura se obtiene calentando dentro de un receptáculo piedras no areniscas que, alimentadas por unas resistencias eléctricas, llegan a la incandescencia.

Beneficios

Ejercita el sistema cardiovascular. La alta temperatura hace que aumente el metabolismo muscular y vigoriza el corazón gracias a que el calor dilata los vasos capilares e incrementa el ritmo cardiaco.
Elimina toxinas. Abre los poros y contribuye a limpiar la piel de impurezas. A través de la sudoración, el organismo elimina, entre otros "productos de desecho", metales pesados (plomo, mercurio, zinc, níquel, cadmio...), alcohol, nicotina y sodio.
Mejora la respiración. Ayuda a despejar las vías respiratorias. Hace más fluida la mucosidad que pueda existir en los bronquios. En caso de catarros o resfriados, después de una sesión se notará una gran mejoría. Está comprobado que los pacientes con enfermedades pulmonares obstructivas mejoran transitoriamente sus funciones pulmonares.
Mejora las dolencias articulares. La combinación de calor corporal, mejoría de la circulación, emisiones de endorfinas y calentamiento de las articulaciones rígidas alivia el dolor y las molestias. Un cuerpo caliente es menos sensible al dolor. Ejerce un efecto positivo sobre el sistema locomotor y el estado psicoemocional, además de aliviar el dolor artrítico.
Prepara el cuerpo para otros tratamientos terapéuticos y estéticos. Tras una sauna, el estado de la piel y de los músculos es ideal para someterse a una sesión de masaje o a cualquier tratamiento que incluya la aplicación de algún tipo de productos (celulitis, obesidad, hidratación de la piel en profundidad...).
Otras aplicaciones. Ayuda a recuperar los músculos y el organismo después del ejercicio, reduce la celulitis y las adiposidades. Además es beneficioso en caso de torceduras, neuralgias, espasmos musculares, rigidez articular y en general dolencias óseo-musculares.


Baño turco

El baño turco o de vapor, también llamado hammam (baño, en árabe), se practica desde hace milenios. Se trata de un baño de calor húmedo en el que la temperatura no es uniforme; en el suelo hay entre 20 y 25 grados, a metro y medio unos 40 grados y otros 50 grados a la altura de la cabeza. Además, tiene una humedad relativa del 99%, que produce la clásica "niebla".
En estos habitáculos el calor se genera gracias al agua caliente que circula a través de cañerías y radiadores ubicados en las paredes de las salas.

Beneficios

El calor al que es sometido el organismo le obliga a acelerar sus funciones metabólicas: aumento de ventilación, aceleración de la circulación sanguínea y estimulación de los sistemas nervioso y hormonal, lo que produce una mejora general de la salud.
Permite una mayor oxigenación y revitalización de los tejidos. Ayuda a retardar el proceso de envejecimiento de la piel.
El vapor produce una equilibrada dilatación de los poros y procura una transpiración abundante que, además de eliminar toxinas e impurezas, estimula la circulación sanguínea.
Con la dilatación de los poros de la piel, el vapor permite una limpieza profunda y duradera que deja la epidermis lisa y aterciopelada.
Desde un vista terapéutico el baño turco humedece las vías respiratorias, es expectorante en caso de resfriado, tos y ronquedad. Además, ayuda a combatir la bronquitis, la sinusitis y otras afecciones de tipo respiratorio.
Los pulmones y todo su sistema bronquial aumentan su capacidad de intercambio de oxígeno y ventilación general.
Contribuye a la limpieza de los genitales femeninos., vulva y vagina y facilita la secreción del flujo vaginal. Las dismenorreas o menstruaciones dolorosas son siempre aliviadas por la acción del calor.
Relaja el sistema nervioso., por lo tanto, tiene resultados muy beneficiosos para todas las personas que sufren de estrés, ansiedad, depresión, etc.
Indicado para los adolescentes con acné. y para los hombres, porque alisa y suaviza la piel, lo que les facilita el afeitado.
Es menos estresante para el organismo que la sauna, a pesar del efecto psicológico de 'agobio' que produce la 'niebla'.

Precauciones con la sauna y el baño turco

La alta temperatura a la que se somete al cuerpo hace que el ritmo cardiaco se llegue a duplicar, pasando de 70 a 140 pulsaciones por minuto.
Esto hace que la sauna y el baño turco estén contraindicados para ancianos, embarazadas y personas con problemas de salud (hipertensión, cardiopatías).
Se desaconsejan a quienes padecen trastornos de presión o a quien presenta problemas de venas varicosas.
Contraindicados para quienes sufren de dermatitis o problemas de vasodilatación.
También deben evitarlos las personas que padecen una enfermedad bronquial severa, epilepsia, anorexia o cólicos renales.

Pasos a seguir

Antes de la sauna o del baño turco...

Si es la primera vez que toma una sauna o un baño turco, no está de más que lo haga en compañía de alguien con experiencia
Si la toma después de practicar algún deporte, es recomendable descansar antes entre 15 y 30 minutos para que la temperatura corporal descienda y evitar así someter al cuerpo a un golpe de calor.
No entre en la cabina con hambre, con el estómago lleno (deje que transcurra como mínimo una hora desde la comida) o en estado de agotamiento.
Antes de entrar, dúchese a fondo con agua templada.
No olvide beber, ya que va a someter a su cuerpo a una moderada deshidratación.

Durante...

Si va tomar una sauna, comience la sesión en los asientos más bajos, para que su organismo se vaya adaptando al calor.
Túmbese o siéntese con los pies sobre el asiento para que todo el cuerpo permanezca a la misma temperatura.
Durante la sesión no beba líquidos, ya que no se produciría la desintoxicación corporal.
No realice ejercicios de gimnasia durante la sesión, ni se dedique a conversar porque se cargan la respiración y la circulación.
Si es su primera vez, no debe superar los diez minutos para evitar una bajada de tensión.
Lo normal es que a los 8-12 minutos el cuerpo sienta ya ganas de refrigerarse. Salga de la cabina aunque considere que no ha transpirado lo suficiente. Las personas muy acostumbradas pueden permanecer hasta 15 minutos, pero se recomienda descansar después de ese periodo.
Antes de abandonar la cabina, siéntese con los pies colgando en el banco para que la circulación se adapte de nuevo a la posición vertical. Levántese de forma pausada porque si lo hace de manera súbita, la sangre puede acumularse y producir una especie de vértigo o síncope.
Y después...
Permanezca unos minutos (pocos, para no llegar a tiritar) fuera de la sauna (si se puede, al aire libre) para enfriar las vías respiratorias. Los pulmones necesitarán aire exterior.
Después, dúchese con agua fría (si la presión sanguínea es alta, que sea templada). Dirija el chorro desde las extremidades hacia el centro del cuerpo, en la dirección del corazón, para devolverle el ritmo.
Si todavía le queda tiempo -y ganas- un baño de inmersión en agua fría hará reaccionar a los vasos sanguíneos y aumentará la presión arterial.
Es conveniente alternar las sesiones con duchas de agua fría para conseguir una vasoconstricción (contracción de los vasos sanguíneos) por la que se estimula la circulación sanguínea y se eliminan los productos de desecho de los músculos, a la vez que los nutre. Si acaba de iniciarse en estas cuestiones no debería repetir más que una vez el ciclo calor-frío, si tiene experiencia, puede hacer una segunda, y, como máximo, hasta una tercera entrada en la sauna. Más de tres ciclos no aportan beneficios complementarios, y sí fatiga.

Después de la sauna debe beber agua o una bebida isotónica para recuperar las sales minerales perdidas con la excesiva sudoración.
No es recomendable tomar más de dos sesiones semanales.

1 comentario:

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